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lunes, agosto 05, 2013

Su Soledad

The embroiderer or Mette Gauguin - Paul Gauguin

El rímel en sus ojos cafés maquillaban la soledad y la tristeza de unos ojos que han visto más de la cuenta y llorado mares enteros. El café cargado y sin azúcar trataba de esconder el cansancio y las ojeras de una guerra entre su espíritu desdichado y el maldito terror por morir. Debajo de su falda se escondían mil y un pecados ahora guardados en frascos de vidrio en su memoria. Romper aquellos frascos buscaba con cada hombre que llegaba a desarreglar su poca calma interior. Dejar volar lejos las memorias de una mujer abandonada por el cariño, echada a un lado por los prejuicios. Las plantas de sus pies adoloridas por recorrer tantos caminos sin llegar a ningún lado. Muchas caras borrosas se había topado y olvidado al instante. Nadie para recordar. Nadie que valiera la pena. Entre tanto odio y melancolía, aprendió a amar lo que tanto le había hecho daño, su soledad.

sábado, agosto 03, 2013

Maldiciones

The lovers - Rene Magritte

Había leído todos los libros de su biblioteca. Sin embargo, fue incapaz de leer sus ojos.
El la soñaba despierto, la anhelaba entre suspiros intoxicados de pasión.
Ella lo llamaba cada noche, sentada en la ventana de su cuarto, cantándole al cielo oscuro.
Oh, aquellos labios perdidos, cansados ya de buscarse sin encontrarse.
Manos esbeltas y delicadas buscando la piel del otro, buscando tan solo un soplo de su presencia.
Ambas almas errantes, caminando sin rumbo en el bosque de la desolación y la angustia de no encontrar el pequeño rayo de felicidad.
Nudos irrompibles, casi de hierro, en sus gargantas, tratando de tragar aquel sentimiento maldito que los dejaba sin respiración.
Sórdidos eran sus pensamientos, pensamientos abandonados a la desesperanza.
El reflejo en el espejo era solo una sombra disforme de lo que era una persona viva, alegre.
Ojos caídos, rojos ya, casi ciegos por el humo devastador de la soledad.
Sus pieles roídas por la falta de caricias, agrietadas y grises. Sucias.
Agitados corazones por el diluvio de emociones. Falsas esperanzas, sólo eso.
Maldiciones. Maldiciones y nada más.

jueves, agosto 01, 2013

Viví

Still Life with Chrysanthemums - Nikolay Bogdanov-Belsky

Anteayer no fue más que otro de los tantos días de mi vida. En la mañana el café con tres cucharaditas de azúcar, el lápiz poco afilado junto al libro polvoriento, mis cabellos despeinados. La depresión matutina. En la tarde la brisa. Caliente. Se llevó la depresión y dejó el conformismo. Me senté. No comí. Los mismos cuadros de siempre en la pared. Uno un poco torcido. La noche solitaria y oscura. Viví. Viví. Estaba viviendo. Eso creía.

Ayer salí en la mañana. La primera vez en dos semanas. Lo vi. Sí, a él. Sobresalió entre la multitud. ¿Se habrá acordado de mí? ¡Qué va! Pero yo sí me acordé de él. Es que cómo olvidarse de aquel tipo. El amor de uno. Viví. Viví. Estaba viviendo. Era cierto, porque sentía.

miércoles, julio 31, 2013

Por Qué Los Perros No Vuelan

Venetian Street - John Singer Sargent

Hoy me pregunté por qué los perros no vuelan. El techo de mi habitación parecía no tener respuesta. Me levanté y salí.

El sol estaba como siempre, echando llamaradas luminosas y calientes sobre todo lo que hay en la ciudad. Mucha gente iba como de afán, a sus trabajos, quizás, o a verse con alguien, de pronto, o a llevar a sus hijos a la escuela. Yo, no iba para ningún lado. Sólo iba. Mirando la gente hacer sus cosas casi maquinalmente. No puedo decir que todos, claro, pero la mayoría. Me incomodaban estos zapatos. Sentía que caminaba raro. Afortunadamente, la MAYORÍA de personas estaban absortas en sus quehaceres. Yo, absorta en mi nada. El cielo estaba despejado. Difícilmente pude mirar hacia arriba por el sol. Bajé la cabeza y tenía los ojos encandilados. 

Sin querer (interrumpir mis reflexiones) tropecé con un viejo. Parecía de esas personas solitarias que coleccionan cosas sin importancia. Me disculpé. Él también lo hizo. Las disculpas salieron como si nos las hubiesen guardado en la memoria para usarlas en casos como estos. Seguí mi camino y el viejo el suyo. Tras habernos alejado unos cuantos pasos, ambos volteamos a mirar. Algo nos llamaba, nos unía. Volví caminando hacia él. Aquel viejo barbudo y solitario -aparentemente- se quedó estático esperándome. Me acerqué y le pregunté “qué es” y no dijo nada. Caminamos como sin dirección unos minutos. “Pensamos e imaginamos” respondió finalmente. “Mire, hoy, en un mundo de cuerdos- como suelen llamar a la muchedumbre de seres iguales-, cualquiera que piense o actúe diferente es un loco, un enajenado. Así que tenga cuidado. Debemos cuidarnos”. El viejo, al parecer -además de solitario- loco, continuó caminando. Comprendí que eso era todo, que debíamos separarnos. Lo estuve mirando hasta que se perdió de mi vista.

Se escuchaban algunos pájaros esa mañana soleada. También las hojas de los árboles cantaban su himno al ser rozados por el viento cálido. Murmullo, mucho murmullo de gente haciendo sus quehaceres. Yo ya había terminado el mío: hablar con un desconocido, con un completo soñador, amante de la vida, esposo más de la fantasía que de lo real. El viejo sólo se detuvo para esperarme para devolverme las esperanzas. Yo no estaba sola, yo no era la única que me preguntaba por qué los perros no volaban. Había más niños en cuerpos de viejos caminando por ahí, tropezándose con muchachas. Había más colores de los pensados en la humanidad. Persistían los sueños.

Para Siempre Conmigo

John Locke. Painting: Girlhood by Rae Sloan Breding

No fue sino verlo para darme cuenta que lo había soñado toda la vida. La brisa de aquel día era diferente. No era fresca ni calurosa. Era casi perfecta para hacer de dos personas dos enamorados. Casi.

Lo soñé toda la vida, a usted. Podría agradecerle a Dios, al Universo, a quien fuera, por haberlo encontrado. Sin embargo, sólo agradecí por haberlo visto. No fue más. Sólo lo vi, y confirmé que usted era el de mis sueños tiernos y románticos.

Estaba tan perfecto, siempre igual que en mis sueños. Nada pasaba por usted, ni los años, ni las nostalgias, ni las alegrías. Nada. Usted estaba intacto. Yo, en cambio, estaba maltratada por la vida. Mi corazón ya no se encendía por las pequeñas esperanzas que surgían para amar. No. Ya estaba casi muerto. Devastado. Sucio. Gris. No obstante, usted le dio vida. De inmediato toda la felicidad volvió a mi corazón, como un perro con la cola entre las patas.

La brisa aún entraba por la ventana. Todavía estaba mareada ante tanta alegría acumulada en mi ser. Y, aunque usted esté muerto ahora, puedo tener esta fotografía conmigo, que mantendrá su imagen fija, perfecta, por siempre.



domingo, julio 21, 2013

De aquella ventana

Venice - William Merritt Chase
Es una banca de madera donde estoy sentada. El contraste del color de la banca y el pasto es agresivo. Me gusta sentarme aquí de vez en cuando. Mirar los árboles y los pequeños arbustos. Sobretodo mirarlo a usted en la ventana de su casa.

Usted siempre se asoma a las ocho y treinta, después de bañarse, a fumar un cigarrillo. De vez en cuando me siento en la banca, mirando hacia esa ventana. Usted siempre sale. Nos miramos, sólo nos miramos, no sonreímos ni nada. Usted se acaba su cigarrillo y entra de nuevo. Yo me quedo viendo la ventana unos minutos y sigo escudriñando el paisaje. Vengo acá para calmarme, ¿sabe? Venir aquí es volver a la rutina. Me gusta verlo, es como ver una parte de su personalidad. Muy rutinario. Siempre sale después de bañarse a fumar un cigarrillo en la ventana. Bueno, siempre que he venido usted ha estado. ¿Por qué? ¿Quiere acaso contagiarse de la curiosidad? O, ¿le es ajena mi presencia? Yo tengo muchas preguntas y usted pocas respuestas.

Pero no se quede ahí fumando nada más, ¡sonríame!  No, usted parece ser de esos que no sonríen. ¿O es porque yo también estoy muy seria? Dígame, hombre, ¿por qué tan regular su conducta? Su mirada, parece que me pregunta algo: ¿Por qué viene de vez en cuando a mirarme, a mirar la ventana? Estoy curiosa y aburrida, algo en su comportamiento me tranquiliza. Debe ser la rutina. Algo en usted va a hacer que no venga de vez en cuando, sino siempre. O no. ¿Acaso hoy está prendiendo otro cigarrillo? ¿Está desafiándome? Mire, le pago con mi tiempo para ver la función de siempre. Sin embargo, está cambiando. ¿Quiere hacer la función más atractiva? Así no lo va a lograr, querido amigo. ¿Ahora qué va a pasar? ¿Va a fumar antes de bañarse? ¿Va a salir a tocar guitarra? ¿No va a volver a salir?

Adiós, hasta que la casualidad o la curiosidad nos encuentre. 

sábado, julio 20, 2013

Salvame

Portrait of Henrietta Girshman - Valentin Serov

Decís que me querés. Te creo.
Porque a vos todo te lo creo, hasta las contradicciones. 
Me gustás, no te amo.
Vos me gustás, toda, de los pies a la cabeza.
Con todos los defectos que decís tener, defectos que yo veo tan tiernos y que en lugar de maltratar tu imagen, hacen de vos un paisaje magnífico.
Ves, yo te veo perfecta, como las flores coloridas.
Vos te hacés la marchita, pero yo te veo tan viva y hermosa.
Como me tocás, con tanta delicadeza y amor.
Vos tan enamorada y yo  tan perdido en tus atajos.
Decime cómo me libro de tu belleza.
Decime cómo salgo del mar de tu perfección o, mejor dicho, cómo me ahogo en ella.
Dame una mano, amor, sálvame del abismo al enamoramiento.
Si caigo, mi vida, moriré por el golpe.
O peor aún, no podré salir jamás.

La saludé

Portrait of Jeanne Hebuterne, 1919
Amedeo Modigliani

Después de tres años la volví a ver. Mi respiración se agitó y mi corazón no cabía en mi pecho. Era ella. Hermosa. Estuve contemplándola por un largo rato, tratando de guardar cada rasgo de su rostro, cada movimiento de su cuerpo. Levantó la mirada y me vio, pero no como yo la había visto, simplemente me vio, como cuando uno ve un perro cruzando la calle y luego se olvida de él. Volvió la vista al estante de libros. Yo quedé inmóvil en el umbral. La amaba. Aun sin haberle hablado, aun sin conocerla, aun sin saber su nombre, la amaba.
La primera vez que la vi fue en ese mismo lugar, frente a esa misma estantería. También volteó a verme, también me quedé inmóvil en el umbral. Ahí me enamoré de ella. De su rostro dulce y sus delicadas manos. No le hablé, sin embargo. Para qué. Preferí quedarme con la imagen inventada que tenía de ella, con la persona inventada. Esa nadie me la quitaría. Sería doloroso, sí. No obstante, menos doloroso que conocer su realidad verdadera y luego perderla. Miré unos libros y me fui.
La pensé cada día. A veces lloraba en mi soledad por no tenerla. A veces era feliz, pensaba que era una dicha haber podido verla por una vez en mi vida. Así era mejor. Así no había chance de decepcionarme, de decepcionarnos.
Después de tres años, cuando la volví a ver, caí en las garras del masoquismo y la vida. 
La saludé.

Cada día

Rest - Edgar Degas

Cada día, se nubla más el recuerdo que tengo de vos.
Cada día, te pienso, tratando de mantener viva la imagen de tu sonrisa.
Cada día, acostada en mi cama, imagino mi vida junto a vos.
Cada día, huelo en el aire el amor que pudo ser si la casualidad hubiese estado de nuestro lado.
Cada día, lloro en silencio al pensar que tal vez mi corazón lata en vano.
Cada día, suspiro por un ser tan intangible como vos.
Cada día, vivo feliz en la infelicidad de haber sido parte de ti por un segundo.


viernes, julio 19, 2013

Noches sin dormir.

Edgar Degas

Tengo una preocupación. Es una preocupación que perturba mis mañanas, mis tardes, mis noches y mis madrugadas. Tal vez usted no sé de cuenta o de pronto tenga ligeras sospechas. Mi preocupación –suspira- si le contara… 

Usted.

The Little Reader (Little Girl in Blue),
1890 - Renoir

Hoy no he hablado con usted, pero lo he pensado, aunque eso no es una novedad. Usted no es el único con el que estoy, por si no lo sabe, pero es el único a quien pienso, a quien extraño, a quien quisiera aquí, conmigo. No lo amo, ni lo quiero, y no creo que usted haga eso, tampoco. No quiero que sea mío, no quiero ser suya, pero quiero que estemos juntos, haciéndonos uno sólo. Quiero todo con usted, ya se lo he dicho. Quiero conocer sus límites y quiero que conozca los míos. Sabe, creo que me gusta y si me pregunta el porqué de eso, no se lo diré porque simplemente no sé, ni siquiera estoy segura de que así es, es sólo una hipótesis. No quiero que hablemos, no quiero que me cuente de su día, no quiero saber de su familia. Sólo quiero sentir su presencia, sentirlo a usted, tocarlo, saber que está ahí, que existe. Quiero que usted me sienta, también, como si quisiera grabar mi piel en sus manos. Y le digo, es usted un loco, por prestarle atención a una loca, a mí. Quiero estar con usted. Quiero que me tome, me acaricie, me bese, me muerda, me coma, me… TODO. ¿Sabe qué quiero escuchar? Quiero escuchar el aire que deja su cuerpo cuando esté conmigo, suspiros, eso quiero escuchar. Quiero, quiero, quiero… Pero, ¿qué quiere usted?

jueves, mayo 30, 2013

Eras, eres y serás

Madame Misian Nathanson -
          Henri de Toulouse-Lautrec

Ahora, la silla en la esquina de la habitación blanca no es más que una silla en la esquina de la habitación blanca. Cuando tú entras en la habitación, es diferente, la silla deja de ser una simple silla, ella sabe de ti cuando recorres toda la habitación, cuando miras todas las cosas que hay en ella: los cuadros, esos que tanto te gusta observar y tratar de descifrar; los libros, que luego de pasar tu blanca mano por encima de ellos para quitarles el polvo, hueles su interior, porque te encanta el olor a recuerdos; las fotos antiguas colgadas en las paredes, son todas personas desconocidas, pero eso te gusta, porque te gusta crear historias a su alrededor, como tratando de hacerlas reales; las cartas sin terminar sobre el escritorio, siempre llegas con un fragmento de algún libro  o una frase que se te acaba de ocurrir en el camino y la escribes en una esquina del papel,  lo haces porque sabes que para eso está ahí, para ser escrito, y no por cualquier mano, y no cualquier escrito, sino uno que tenga un significado implícito, uno que haga que quien lo lea piense, se sienta identificado o simplemente disfrute leyéndolo. Las plantas marchitas en sus macetas, las tocas como tratando de darles vida, aunque sabes que no será así. “Todo nace y todo muere”, es lo que piensas cuando ves esas plantas sin flores, con unas pocas hojas cafés y arrugadas roídas por los insectos. Muchas de esas hojas se parecen a las hojas de los libros que te gusta oler, casi marchitas, sin embargo, aún con vida. Luego te sientas en la silla en la esquina de la habitación blanca y miras a tu alrededor. Eres tú. Eres tú la habitación blanca. Eres indescifrable como los cuadros, eres historias como los libros, eres desconocida como las personas de aquellas fotografías colgadas en la pared, eres vacío como las cartas sin terminar y ya está por caerse de ti la última hoja de vida como las de las plantas marchitas. Cuando se caiga, al momento de terminar de escribir esto, ya no serás más. Sin embargo, podré verte desde la silla en la esquina de la habitación blanca.

domingo, mayo 26, 2013

De esa persona.

Philippines Mother and Child - Vicente Manansala
Es como una sonrisa inesperada

Es como esos libros que huelen a recuerdos
Es como un café caliente en una mañana fría
Es como un abrazo en un mal día
Es como el agua después de la sed
Es como las letras de lo que escribo
Es como la brisa en un día de verano
Es como la luna en una noche despejada
Es como la lluvia tras la sequía
Es como un vino después de una buena cena
Es lo que uno quiere y no puede tener

sábado, mayo 25, 2013

Ella

Seated female nude by Pablo Picasso.

La piel de su espalda perfecta rozaba la tela roja con puntos blancos del sofá de mi sala. Estaba lejos de mí, aun así alcanzaba a percibir su olor. No era cualquier olor. Era SU olor, ese que me enloquecía, que hacía que mi respiración se acelerara. Me gustaba que estuviera ahí sentada, mirando las flores blancas del florero que se encontraba encima de la mesita de té frente a ella. No decía nada, pero pensaba mucho. No pensaba en nosotros, no en cosas comunes. Pensaba en la forma de las flores, en cómo se habrían formado, en el porqué de su color, en muchas cosas que probablemente le quitaban el sueño en las noches. Sí, es de ese tipo de personas que ven lo que las otras no. Es una de las cosas que me parecen fascinantes de ella. Se sentía bien ahí, disfrutaba la brisa que entraba por la ventana a su lado. Le gustaba como la brisa movía levemente la cortina blanca con estampado de mariposas azules. Era como si lo sintiera todo. A veces pienso que olvidaba que estaba con ella, que estaba en mi casa, pero sólo parecía, no era así. Ella sabía que estaba allí, viéndola, creyendo saber lo que pensaba, creyendo saber lo que le gustaba y disfrutaba. Con la mirada todavía en las flores, con el cabello moviéndose un poco por la brisa, me dijo que ese día dejaríamos de ser extraños.

Ventana empañada

Portrait of Josep Cardona -
Pablo Picasso

La ventana está empañada. Me gusta mirar a través de ella, pero hoy no será posible. La podría limpiar, sin embargo la dejaré así. Cerraré mis ojos porque no quiero ver lo que hay en esta habitación. ¿Saben? Ya he mirado todo antes, miles de veces. Pero hay una diferencia, hoy, estando sentado en esta esquina, sin poder mirar a través de la ventana, podría concentrarme y analizar cada detalle de las cosas que hay aquí. Después, todo sería diferente, entraría en la habitación y las cosas no serían cosas cualesquiera, sino objetos con significado. Eso no me gustaría. La habitación dejaría de ser la misma, por lo tanto, yo dejaría de ser el mismo. Al final, todos a mí alrededor cambiarían. Entonces, la vida, sí, la vida cambiaría. Sería como el efecto dominó. Todo sería un caos, lo sé, porque la gente le teme al cambio, adora la rutina, es lo que los mantiene cuerdos, ¡es lo que NOS mantiene cuerdos! Por eso, hoy cerraré los ojos y los abriré cuando la ventana deje de estar empañada.

Eterno amor

Frydis and Oline Bjolstad Edvard Munch - 1916
Ella sólo se dedicó a mirarlo, él a mirar a otro lado, como si no supiera de la mirada de su amante. Ella quería tocarlo, no con las manos, no piel con piel, quería tocarlo con su mirada. Él quería que ella lo tocara, quería que lo desnudara y lo amara con su mirada. Ella no quería hablarle, sabía que las palabras sobraban cuando los latidos agitados del corazón estaban. Ambos sabían eso, por eso callaban. Él quería que ella estuviera a su lado, así como estaban, sintiendo su presencia. Ella mirándolo, él deseándola, ambos amándose sin palabras, sí con pensamientos, sí con sentimientos, sí con todo. Ella sabía que eso no era algo de momento, él también sabía eso. Ambos, sin sonreír, eran felices. Ambos, sin tocarse, eran uno. Ella, con su boca cerrada, guardaba suspiros y besos. Él, sin mirarla, la conocía completamente. Ambos eran pasado, presente y futuro. Ambos hacían el amor sin siquiera rozarse. Ambos eran vida y muerte. Ambos intangibles. Ambos eran pintura, un todo plasmado en un lienzo.

Dos

The Interior, by Edgar Degas

En la mañana, dos tazas de café en la mesa.
Dos espacios llenos en el sofá frente al televisor.
Más calor del común en la cama en las noches.
Cuatro pies en la acera, juntos, pisándola.
Dos manos entrelazadas.
Uno que escucha, uno que habla.
Un observador, un observado.
Dos sonrisas recibiendo la luz del sol.
Dos.